miércoles, 21 de octubre de 2020

El Circo de la Mariposa

  Mirar con ojos nuevos. Ese es el nombre de este blog. Surgió a partir de esta frase de Marcel Proust que nos mostraron en la clase inicial del seminario de creatividad.

  En "El Circo de la Mariposa", las miradas son protagonistas. Miradas de resignación en quienes están “expuestos” en el circo de rarezas. Miradas de burla y desprecio de los espectadores.  Pero entre ellas, una mirada distinta, que reconoce en “una perversión de la naturaleza", "a quien Dios mismo le dio la espalda”, la dignidad intrínseca del hombre. La dignidad y el valor de Will.



  Esa misma mirada que supo rescatar de la soledad, la derrota, la violencia y el desánimo a cada uno de los miembros del Circo de la Mariposa. Que les dio el espacio para encontrar dentro de sí aquella riqueza que escondían y transformarla en dones para los demás.

 Dostoyevski nos dice que “La belleza salvará al mundo”. Y cada uno de nosotros estamos llamados a aportar ese poco de hermosura que el mundo necesita, como dice Méndez. Belleza única que brilla aún más luego de haber superado obstáculos y haber sabido sacudir las cenizas que lo cubrían. Un trabajo duro, sí, que nos lleva a enfrentar nuestras miserias y debilidades, nuestras cobardías y comodidades. Un trabajo que requiere lanzarnos al agua y… nadar. Descubrir que podemos, que tenemos en nosotros esa semilla de perfección que nos hace aspirar a más, que nos da fuerza para crecer y ser cada día más humanos, sin importar cuántas imperfecciones tengamos. 

  Antes de terminar, quisiera destacar la figura del director del Circo de la Mariposa. Es el de la mirada que no busca la perfección, sino la maravilla a la que está llamado cada uno de quienes están en su circo. “Eres magnífico” le dice a Will al inicio,  acercándose a él y recibiendo un escupitajo como respuesta. “Tal vez me acerqué demasiado, ¿eh, amigo?”. En las escenas siguientes lo vemos entre distante y cercano, aportando la palabra justa, pareciendo indiferente ante el pedido de ayuda de Will. Pero vemos un poco más adelante, que sólo generaba el espacio para que él mismo descubriera todo el abanico de posibilidades que tenía. Y finalmente, lo vemos retirarse en silencio, con la alegría que da la misión cumplida, mientras observa a la distancia a los niños que admiran la proeza del nuevo Will.

Estas imágenes me llevaron a pensar en el orientador familiar. En el cuidado que debe tener al encontrarse con las familias. Con aquella familia que llega a la consulta con sus imperfecciones a la vista, temerosa, avergonzada, enojada, resignada. Pensaba en la necesidad de mirarlos de esa misma manera, entre respetuosa y maravillada, del señor Méndez. Pensaba también en ese primer acercamiento repentino que produce rechazo: en lo importante de encontrar el momento y la palabra oportuna. Y que, así como lo hacía el director, el orientador familiar debe ser capaz generar los espacios y oportunidades para que la propia familia descubra por sí misma, que puede. Que las dificultades existen, pero que también tienen en sí los recursos para afrontarlas y de ellas salir fortalecidos y capaces de brindar al mundo su belleza, única e irrepetible. 

Y callados, a lo lejos, mirar ese crecimiento, y bailar, por qué no, al ver que quien llegó temeroso ante nosotros, tiene una mirada distinta, que transmite una nueva luz.  




¡Mamá, mirá!

 


"A todos se nos ha olvidado cómo disfrutar, cómo entregarnos completamente a una persona.” 

S. Koder
Esta frase Carl Honoré me hizo pensar en lo que he aprendido y estoy aprendiendo este año junto a mis hijos. En estos meses de eterna cuarentena, el patio de nuestra casa fue un gran protagonista. Las plantas, las flores, los insectos, las aves comenzaron a ser objeto de nuestra observación. “¡Mamá, mirá! ¡Mamá, mirá!”. Observar con atención el mundo que nos rodea nos llevó a conocerlo un poco más. Mis hijos ya saben qué tipos de aves podemos ver en nuestro jardín, identifican su canto, miraron y coleccionaron insectos, descubrieron sus hábitos… También nos dedicamos mucho a la lectura de cuentos, de historias. Todas estas pequeñas cosas me llevaron a darme cuenta de cómo las corridas permanentes y sobre todo el bendito celular, me estaban quitando tiempo de encuentro con ellos. Mirarlos más detenidamente (¡Mamá, mírame!) y descubrir en cada uno su peculiaridad, su canto singular.

El seminario de creatividad que dio origen a este blog me dio la oportunidad de redescubrir la necesidad del silencio y la soledad como condiciones para llegar a aquel pozo de donde sacar agua para llevar a los demás

martes, 20 de octubre de 2020

Reparar

 El "sí quiero, para toda la vida, contigo y sólo contigo" de un hombre y una mujer, es el fundamento de un nuevo hogar. Ese amor se multiplica, se ensancha y comienza a albergar en su interior nuevas vidas. Cada una con su individualidad, pero unidas por un amor común y sostenidas por Alguien que es más grande que ellos.

Teníamos que representar nuestro hogar. Una caja, unas manos dibujadas en papeles de colores, recortadas, pegadas, una sobre otras, unidas. Me gustaba y no me gustaba mucho el resultado: las manos rodeaban la casa, pero no podía ver a todas a la misma vez, estaban en caras distintas de la caja.  

"Romper" fue la consigna. ¿Romper? ¿Romper lo hecho? ¿Aquello en lo que pusimos trabajo, paciencia, creatividad? ¿Por dónde? ¿Por dónde puedo romper sin dañar? Saco el "techo", saco el "piso", porque aunque no estén la familia permanece unida...

¿Por dónde más puedo ir? No quiero cortar las manos de mi hijos. No quiero que mis hijos "se rompan". Tampoco quiero romper la unión de las manos de mi esposo y mías... Sin embargo... en algún momento va a pasar, o ya pasó. En nuestra historia común o en nuestra historia personal anterior a conocernos. Algo nos puede partir o nos partió por la mitad... Aunque no queramos. Pueden ser problemas que afecten a toda la familia, o que quiebren a alguno en particular. 

En una sociedad en la que predomina la cultura del descarte, del usar y tirar, la tentación de bajar los brazos puede ser muy fuerte. Por eso cobra singular fuerza el arte japonés del Kintsugi, que repara lo dañado y le otorga un nuevo valor rellenando esas roturas con oro. 

Reparar. El objeto ya no es el mismo, sino que sale enriquecido, y hasta fortalecido después de esas heridas. En el caso de mi obra, ahora podía mirar todas las manos en un mismo plano. Y también adquirió una flexibilidad que antes no tenía y me di cuenta de que la rigidez original también la hacía más frágil. 

"La herida es el lugar por donde entra la luz", nos dijeron en clase. A veces nos cuesta enfrentarnos con el dolor. Con aquellas oscuridades de nuestra historia personal y familiar. Queremos esconderlas, dejarlas en un lugar donde no se vean y donde se puedan olvidar. Sin embargo están ahí. Y seguirán estando. De nosotros depende que, en lugar de ser piedras que nos arrastran y no nos dejan crecer, se conviertan en aquellos espacios por donde entra la luz, haciéndonos más fuertes y dando nueva vida a ese amor que está en el origen de nuestra historia. 



lunes, 19 de octubre de 2020

Miradas que dan alas

Les comparto unas palabras acerca de este fragmento de una charla de Alex Rovira


“Cuando me siento bien, a gusto conmigo mismo, las posibilidades de que pueda afrontar la vida desde un perspectiva de dignidad, sinceridad, fortaleza, amor y realidad son inmejorables” (Satir, V. 2007). 

Rovira refuerza esta idea haciendo hincapié en la mirada que sobre el otro tenemos: el poder transformador de una “mirada apreciativa que da alas”. Para graficarla, toma el ejemplo de Hikari Ōe, un niño autista que, bajo la mirada atenta de sus padres llegó a ser un gran músico contemporáneo. Kenzaburō Ōe, su padre, durante todo este camino de acompañar a su hijo, se dedicó a escribir… a tal punto que en 1994 recibió el Nobel de Literatura. ¿Por qué menciono a padre e hijo en estas palabras? Porque nos muestra de un modo exquisito y único el concepto de identidad familiar, como aquello que nos distingue como miembros de una familia en particular, con una impronta definida. El cultivo de las virtudes de los padres fructificó en la vida del hijo y en la suya propia. Es una riqueza que se derrama hacia los demás, en este caso a través de la música y la literatura. 

Como orientadores familiares, tenemos una gran tarea: caminar con las familias para que puedan descubrir su propia identidad y riqueza, lo que las llevará a fortalecerse y poder enfrentar las dificultades y desafíos de la vida con una mirada que descubra las posibilidades que ésta ofrece.


Material citado:
Satir,V.(2007). Peoplemaking. Autoestima: El manantial de la energía personal. El arte de crear una familia. Del nuevo extremo. Buenos Aires.

La Gran Ola de Kanagawa

 

 

     La Gran Ola de Kanagawa, del artista japonés Katsuchika Hokusai, data de 1829. Es parte de una serie de pinturas sobre el monte Fuji, que en este caso se ve a lo lejos, bastante más pequeño que la gran ola que domina el cuadro. Las formas empleadas en el mismo son flexibles, indicando movimiento y fuerza. Incluso el monte no está representado con formas rígidas, sino ligeramente curvadas. La elección del color también pone de manifiesto la potencia que se le quiere dar a la ola. El azul prusia (uso novedoso en esa época y lugar) y el blanco destacan por sobre el fondo gris de un cielo encapotado y comparte con el monte esos colores, contrastando a la vez con el tenue color madera de las barcas. La espuma del mar se abalanza con forma como de garras sobre las barcas, y sin solución de continuidad, parece convertirse en nieve que cae sobre el monte. Los hombres de las barcas, también en blanco y azul (ligeramente más suave que el azul dominante), permanecen todos juntos en un sector de la misma, en posición que da sensación de quietud.  Los colores parecieran querer unificar la ferocidad de la ola y la firmeza del monte Fuji, como partes de una misma naturaleza, mientras los tonos usados en los hombres sugieren que forman parte de ella, aunque débiles frente a los embates del temporal.
  
    Esta obra está hecha con la técnica de los ukiyo-e, o xilografía, en la que a través de planchas de madera se van imprimiendo sucesivamente las formas y colores de la escena que se quiere representar. Esta técnica propiamente oriental, era parte de la cultura artística japonesa de la época. Tanto la técnica como el tema de la obra nos dan a conocer elementos propios de la cultura y cosmovisión japonesa: el monte Fuji, el mar, que son elementos de la geografía  que marcan la vida y la historia de la sociedad que habita Japón. Es la fuerza de esa naturaleza, que en ocasiones se manifiesta con una fuerza descomunal, la que Hokusai quiere comunicar a través de su obra.
  
    Si tuviera que hacerle una pregunta a la obra sería: ¿Se siente el artista representado en esos hombres de las barcas que enfrentan la gran ola? ¿Por qué?
En la gran ola de Kaganawa podemos ver aquellas vicisitudes de la vida que agobian y ponen a prueba la existencia del hombre. Los hombres se afanan por sostenerse en la barca, todos juntos.  Así la familia, frente a las crisis y conflictos propios de la vida, debe aferrarse a la barca, tratar de mantener la calma y permanecer unidos. La orientación familiar puede ser la herramienta que colabore con los navegantes y les permita levantar la mirada y reconocer, aunque parezca lejana y pequeña en ese momento de zozobra, su identidad familiar, las fortalezas que le son propias y que los sostienen, así como el monte Fuji, símbolo de la identidad japonesa, permanece firme e imponente ante la tempestad.    

sábado, 17 de octubre de 2020

Receta para una familia feliz




Cantar en la ducha. 
Cantar al cocinar. 
Cantar ordenando. 
Cantar al retar. 
Cantar, siempre cantar. 







P/D: la consigna era hacerlo en clave de humor. No sé si responde exactamente, pero es lo que me salió en ese momento y tiempo que nos dieron. Y como me gustó, se las comparto.  

¿Qué es lo que ves?

 

¿Qué es lo que ves? preguntan. Un jabón en pan, es mi respuesta. 

De nuevo. ¿Qué es lo que ves? Y donde yo veo un jabón en pan, otros ven mil cosas... infinitas posibilidades dice el video. 

¿Y yo qué veo? 

Seré capaz de ver algo si me tomo tiempo, si detengo la mirada y escucho atentamente. Si presto atención y observo las vetas del jabón, que van indicando el camino a la mano hábil del escultor. Seré capaz de ver algo si dejo de intentar ver algo y empiezo a esperar que el jabón me hable, me guíe, me cuente su secreto, me desvele qué es para que yo lo vea... 

"Los escultores simplemente saben qué cosas tienen que remover para poder sacar la obra de arte que hay dentro". Saber qué remover requiere el ojo y el oído atentos y la mano hábil, pero sobre todo el corazón abierto. 


viernes, 16 de octubre de 2020

Virtudes e identidad familiar


 La identidad familiar, es decir, aquello que nos distingue como miembros de una familia en particular tiene como motor de la misma a los padres. Son ellos quienes irán forjando, desde el sí inicial que unió sus vidas, esa identidad única y particular de su familia. Las virtudes que se esfuercen en edificar, allí donde pongan sus esfuerzos y desvelos, irán transmitiéndose a sus hijos. Este proceso se da a través de las palabras que buscan enseñar, pero sobre todo del ejemplo que arrastra y moviliza. 

Pensando en que virtudes identificaban a mi familia, escogí la fe, que es el fundamento de la misma. El agradecimiento, representado en ese girasol que se abre al recibir la luz del sol. La generosidad, aquella mano que se extiende para tomar la del otro. La alegría, representada en la música que acompaña nuestras jornadas. Y la unidad, en esas manos que, aunque distintas, guardan el mismo tesoro dentro suyo. 

Cuando hacía el escudo de mi familia, pensaba "¿Realmente vivimos estas virtudes que digo nos identifican?" Y distintas situaciones vividas en la semana me decían "Mmmmm" 

Y es así. A veces nos puede pasar que en la vida diaria veamos que algunas de aquellas virtudes que consideramos fundamentales están algo desdibujadas o parecen desaparecer. Si bien en un principio esto nos puede desalentar, no olvidemos que las virtudes son hábitos operativos buenos, y se adquieren, como tales, a partir de su repetición continua y constante. 

Como padres y responsables de esta familia en camino, no dudemos en tomarnos tiempo para revisar qué queremos alcanzar como familia. Qué virtudes anhela nuestro corazón para nosotros y nuestros hijos. Y a partir de allí orientar nuestras acciones, aprovechando los acontecimientos de la vida cotidiana.. Identifiquemos aquellos medios nos pueden ayudar a desarrollarlas, seamos constantes en su práctica y afectuosamente exigentes en su cumplimiento. 

jueves, 15 de octubre de 2020

Creatividad y Orientación Familiar

   Cada familia, a lo largo de su ciclo vital, se encuentra con momentos de mayor o menor conflictividad. Dificultades propias de la etapa de la vida que transitan o dificultades que surgen de su dinámica de relación. También problemas que no tienen origen en la propia familia, sino que proceden del exterior pero que la afectan profundamente. Ante estas dificultades, acuden al orientador familiar. Hay una solución que no encuentran y buscan en él la respuesta a esa inquietud. He aquí un desafío importante para el orientador: hacer de su espacio ese “oasis de tranquilidad” donde la familia pueda, a partir de los recursos que posee, de sus fortalezas y desde su propia identidad, pensasr caminos para enfrentar aquello que la aflige.

Muchas veces relacionamos creatividad exclusivamente con las expresiones artísticas (música, dibujo, escultura…). John Cleese nos lleva a mirarlo de otra manera: la creatividad, más que un talento que unos tienen y otros no, es aquel modo de proceder que nos permite buscar diversas soluciones a un problema y escoger la mejor, la que más se adapta a la situación. Esto requiere de nosotros, dice el actor, la decisión de tomarnos un tiempo y un espacio específicos para poder volcarnos a ello, y buscar no la respuesta más rápida, sino la mejor y en base a ello tomar decisiones y ejecutar lo decidido.

El orientador familiar tiene en sus manos la posibilidad de que el encuentro con la familia se constituya en ese espacio que le permite salir de la presión habitual, en ese tiempo que se toman, cortando con las obligaciones cotidianas para, como dice Cleese, “hacer cosas importantes que no son urgentes, como pensar” (aunque a veces sí haya cuestiones de urgente resolución). Trabajar con la familia de manera tal que, más que desear resolver inmediatamente, “mágicamente” su problema, comiencen a buscar los posibles caminos para hacerlo, escoger el mejor y llevarlo adelante.

Como en la experiencia con la cinta de Moebius de Ligya Clark, “la obra es el acto de hacer la obra”: la familia es esa obra, pero no es el orientador quien la realiza, sino la propia familia que, “caminando” va dándole forma. La tarea del orientador es acompañar, ayudarle a descubrir los elementos con los que ya cuenta, acercarle herramientas que faciliten la realización de la obra. Pero es la familia la protagonista de la misma. 

Un ingrediente indispensable para que pueda darse este proceso de creatividad en la orientación de familias es la generación de un clima en el que se desarrolle la confianza en sí mismos, en sus propias posibilidades. Un clima de trabajo donde también el humor tenga espacio, lo que no significa que se tome menos en serio la tarea. Este clima de confianza será alimento para que se despliegue una comunicación interpersonal que lleve a la apertura y al encuentro con el orientador, pero principal y fundamentalmente entre los propios miembros de la familia, comprometidos el uno con el otro en la búsqueda de alcanzar un mejor “nosotros”.

 

Bibliografía:

 

Video Lygia Clark

Cleese, J. (s.f.). John Cleese on Creativity in Management. Recuperado

Abril de 2020, de https://www.youtube.com/watch?v=Pb5oIIPO62g

Polaino, A. La madurez personal como factor en la comunicación conyugal y la coexistencia familiar.

González Alonso, C. Los analfabetos del siglo XXI: ¿quiénes serán? Vida Económica.

Barría, C. (21 de febrero de 2018). Así funciona el cerebro de las personas creativas según Roger Beaty, experto en neurociencia cognitiva de la Universidad de Harvard. BBC. Recuperado el 21 de julio de 2020, de https://www.bbc.com/mundo/noticias-43089118


martes, 13 de octubre de 2020

Ideas, sensaciones, sentimientos

 
La consigna: anotar aquellas ideas, sentimientos, sensaciones que se nos ocurrían a partir de diversas imágenes. Les comparto tres de las que vimos: 


Brillo - Reflejo - Incoherencia 
   


Lo primero que vi fue el brillo del metal, bien pulido, pero inmediatamente después algo no correspondía, un reflejo incoherente que no tiene explicación. 




Bloqueo - Ahogo- Distancia



La imagen con frases con letra de periódico pegadas al cuello y pecho de una mujer no me gustó nada. Pero nada. Y las palabras que me surgieron fueron acordes a eso.                                                                                                        

Padres y esposos- Ser uno- Cansancio




Finalmente, comparto esta imagen porque fue la que más me impactó y creo que encierra muchas ideas acerca de la paternidad. Lo bien lograda que está la idea del hijo como fruto de la unión de los padres.  El hijo ocupando la mente de los padres y también el corazón (está en el centro de la imagen). Los ojos de la imagen a la vez me transmitieron ese cansancio de noches en vela, procurando el bien del hijo. 



Silencio


Nos invitaron a hacer un autorretrato. Materiales: los que quisiéramos. Tiempo: media hora aproximadamente. 

Lápiz. Papel. Y a realizar una actividad que tenía pendiente hace mucho. Nunca, nunca, había dibujado un rostro. Creo que ni en la secundaria. 

Silencio. Soledad. 

La puerta de mi habitación estaba cerrada, los chicos en el patio. Y en la clase no hablaba nadie. ¨

Busqué una foto y empecé a copiar lo que veía. Formas, luces, sombras. Concentrándome en los distintos detalles. Me di cuenta que  dejaba de mirarme a mí y miraba a la chica de la foto con una mirada distante, quizás más bondadosa de lo usual cuando me veo frente a un espejo. 

De repente, mientras me dibujaba, comenzó a ganar protagonismo el silencio que había, mi atención se concentró en ese detalle. Y fue como sentir que se ensanchaba el espacio, se alargaba el tiempo. 

Esto fue lo que salió. Mis hijos descubrieron el dibujo y me preguntaron si era yo, si lo había hecho yo, y dicen que soy más linda que ese dibujo, lo cual es una gran cosa. Pero el rato de silencio y soledad que pude disfrutar en esos 20 minutos fue lo mejor de todo. 

sábado, 10 de octubre de 2020

Aceptamos el desafío

¡Bienvenidos!


Soy Virginia, y comienzo hoy este camino que quiere ser una invitación a mirar con ojos nuevos, con mirada creativa, a la familia y a nosotros mismos. 
Un desafío que nos desinstala, nos pone en alerta y nos lleva a descubrir mundos nuevos. O, mejor dicho, a redescubrir el mundo que ya conocemos, dejándonos interpelar por lo cotidiano, por sus luces y sus sombras.