Mirar con ojos nuevos. Ese es el nombre de este blog. Surgió a partir de esta frase de Marcel Proust que nos mostraron en la clase inicial del seminario de creatividad.
Esa misma mirada que supo rescatar de la soledad, la derrota, la violencia y el desánimo a cada uno de los miembros del Circo de la Mariposa. Que les dio el espacio para encontrar dentro de sí aquella riqueza que escondían y transformarla en dones para los demás.
Dostoyevski nos dice que “La belleza salvará al mundo”. Y cada uno de nosotros estamos llamados a aportar ese poco de hermosura que el
mundo necesita, como dice Méndez. Belleza única que brilla aún más luego de
haber superado obstáculos y haber sabido sacudir las cenizas que lo cubrían. Un
trabajo duro, sí, que nos lleva a enfrentar nuestras miserias y debilidades,
nuestras cobardías y comodidades. Un trabajo que requiere lanzarnos al agua y…
nadar. Descubrir que podemos, que tenemos en nosotros esa semilla de perfección
que nos hace aspirar a más, que nos da fuerza para crecer y ser cada día más
humanos, sin importar cuántas imperfecciones tengamos.
Antes de terminar, quisiera destacar la figura del director del Circo de la Mariposa. Es el de la mirada que no busca la perfección, sino la maravilla a la que está llamado cada uno de quienes están en su circo. “Eres magnífico” le dice a Will al inicio, acercándose a él y recibiendo un escupitajo como respuesta. “Tal vez me acerqué demasiado, ¿eh, amigo?”. En las escenas siguientes lo vemos entre distante y cercano, aportando la palabra justa, pareciendo indiferente ante el pedido de ayuda de Will. Pero vemos un poco más adelante, que sólo generaba el espacio para que él mismo descubriera todo el abanico de posibilidades que tenía. Y finalmente, lo vemos retirarse en silencio, con la alegría que da la misión cumplida, mientras observa a la distancia a los niños que admiran la proeza del nuevo Will.
Estas imágenes me llevaron a pensar en el orientador familiar. En el cuidado que debe tener al encontrarse con las familias. Con aquella familia que llega a la consulta con sus imperfecciones a la vista, temerosa, avergonzada, enojada, resignada. Pensaba en la necesidad de mirarlos de esa misma manera, entre respetuosa y maravillada, del señor Méndez. Pensaba también en ese primer acercamiento repentino que produce rechazo: en lo importante de encontrar el momento y la palabra oportuna. Y que, así como lo hacía el director, el orientador familiar debe ser capaz generar los espacios y oportunidades para que la propia familia descubra por sí misma, que puede. Que las dificultades existen, pero que también tienen en sí los recursos para afrontarlas y de ellas salir fortalecidos y capaces de brindar al mundo su belleza, única e irrepetible.
Y callados, a lo lejos, mirar ese crecimiento, y bailar, por qué no, al ver que quien llegó temeroso ante nosotros, tiene una mirada distinta, que transmite una nueva luz.



Que preciosa reflexión y que bello recorrido! Felicitaciones
ResponderEliminar