"A todos se nos ha olvidado cómo disfrutar, cómo entregarnos completamente a una persona.”
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| S. Koder |
Esta frase Carl Honoré me hizo pensar en lo que he aprendido y estoy aprendiendo este año junto a mis hijos. En estos meses de eterna cuarentena, el patio de nuestra casa fue un gran protagonista. Las plantas, las flores, los insectos, las aves comenzaron a ser objeto de nuestra observación. “¡Mamá, mirá! ¡Mamá, mirá!”. Observar con atención el mundo que nos rodea nos llevó a conocerlo un poco más. Mis hijos ya saben qué tipos de aves podemos ver en nuestro jardín, identifican su canto, miraron y coleccionaron insectos, descubrieron sus hábitos… También nos dedicamos mucho a la lectura de cuentos, de historias. Todas estas pequeñas cosas me llevaron a darme cuenta de cómo las corridas permanentes y sobre todo el bendito celular, me estaban quitando tiempo de encuentro con ellos. Mirarlos más detenidamente (¡Mamá, mírame!) y descubrir en cada uno su peculiaridad, su canto singular.
El seminario de creatividad que dio origen a este blog me dio la oportunidad de redescubrir la necesidad del silencio y la soledad como condiciones para llegar a aquel pozo de donde sacar agua para llevar a los demás…

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