viernes, 16 de octubre de 2020

Virtudes e identidad familiar


 La identidad familiar, es decir, aquello que nos distingue como miembros de una familia en particular tiene como motor de la misma a los padres. Son ellos quienes irán forjando, desde el sí inicial que unió sus vidas, esa identidad única y particular de su familia. Las virtudes que se esfuercen en edificar, allí donde pongan sus esfuerzos y desvelos, irán transmitiéndose a sus hijos. Este proceso se da a través de las palabras que buscan enseñar, pero sobre todo del ejemplo que arrastra y moviliza. 

Pensando en que virtudes identificaban a mi familia, escogí la fe, que es el fundamento de la misma. El agradecimiento, representado en ese girasol que se abre al recibir la luz del sol. La generosidad, aquella mano que se extiende para tomar la del otro. La alegría, representada en la música que acompaña nuestras jornadas. Y la unidad, en esas manos que, aunque distintas, guardan el mismo tesoro dentro suyo. 

Cuando hacía el escudo de mi familia, pensaba "¿Realmente vivimos estas virtudes que digo nos identifican?" Y distintas situaciones vividas en la semana me decían "Mmmmm" 

Y es así. A veces nos puede pasar que en la vida diaria veamos que algunas de aquellas virtudes que consideramos fundamentales están algo desdibujadas o parecen desaparecer. Si bien en un principio esto nos puede desalentar, no olvidemos que las virtudes son hábitos operativos buenos, y se adquieren, como tales, a partir de su repetición continua y constante. 

Como padres y responsables de esta familia en camino, no dudemos en tomarnos tiempo para revisar qué queremos alcanzar como familia. Qué virtudes anhela nuestro corazón para nosotros y nuestros hijos. Y a partir de allí orientar nuestras acciones, aprovechando los acontecimientos de la vida cotidiana.. Identifiquemos aquellos medios nos pueden ayudar a desarrollarlas, seamos constantes en su práctica y afectuosamente exigentes en su cumplimiento. 

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